domingo, 11 de abril de 2010

Ya no soy el que un dia fui

¿Dónde se guarda el rencor que deja una herida? Se preguntó Mariano después de enterarse de la verdad.
Mariano tenía 34 años y hacía diez que se había recibido de abogado, trabajaba desde los 18 y estaba casado con Lorena. En una familia de clase media, la vida de este hombre debería producir orgullo, sin embargo desde que tiene uso de la razón Mariano siempre fue desplazado en relación con su hermana mayor Victoria. -Siempre me odiaron- era lo que Lorena oía a decir a su esposo cada vez que hablaban de su familia. -mi hermana siempre tuvo lo que quiso en la vida, nunca hizo nada, y sin embargo la justificaban. Yo hice todo para que se sientan orgullosos de mí y toda la vida me rechazaron- y los ojos se le llenaban de lágrimas. Ni el colegio privado, ni la ropa mas cara, ni el padre abogado y la madre ejemplar podían opacar la violencia verbal que ejercían sobre Mariano.
En el año 1993 conoció a Lorena en la facultad de Derecho. Ella participaba en el centro de estudiantes, y no le costo mucho convencerlo para que milite con ella. Obviamente de esto nunca se enteraron en la casa de este joven muchacho, el secreto estaba muy bien guardado por ellos dos. Lorena logró mostrarle un mundo nuevo a Mariano y este pudo entender que las villas no eran sinónimo de violencia (como le habían enseñado en la casa) si vos te acercabas a ofrecer una mano. Había mucho amor entre ellos dos, Mariano siempre decía que gracias a ella pudo dar los primeros pasos como ser humano. Pasaron los años y ellos seguían juntos. Al recibirse se casaron y dedicaron sus vidas a ofrecer ayuda al prójimo y no a acumular su fortuna como había hecho la familia de Mariano.
El 2002 fue un año movilizado. Lorena había perdido un embarazo y estaba muy shockeada por este suceso. Una noche Lorena se despierta desconsolada producto de un sueño que la desveló durante el resto de la noche. En él aparecía su marido de bebe en abrazos de una mujer de pelo oscuro y ojos color miel, muy parecida a él que lo estaba amamantando, y esa mujer no era su suegra. -Por favor amor hacelo por mí -dijo ella- si algún día vamos a tener hijos quiero que sepan sobre su verdadera identidad. Lorena le propuso a Mariano asistir a Abuelas de plaza de mayo y hacerse un estudio de ADN. –Me da miedo Lore, hace años que tengo esta duda, no es una decisión sencilla para mí. Pero Lorena logró convencerlo.
Con mucha valentía Mariano asistió y se realizó el examen. Fueron las dos semanas más eternas de su vida, no podía dormir y una sensación rara le carcomía la cabeza.
Llegó el día. Junto con su mujer, escucharon el resultado: Mariano era hijo de desaparecidos, había nacido en un centro clandestino en La Plata hacía 34 años. Esta noticia le causo un gran vacío. Sus padres ahora eran sus apropiadores y Mariano en realidad era Camilo.

3 comentarios:

  1. Hola Paula! Que sorpresa al leerte, nos orientamos hacia la misma época (o hacia las heridas que dejó)
    Cuando leí tu texto, me pasó lo mismo que cuando leo el mío. Siento que repito muchas veces los nombres propios, pero en algun lugar creo que si no lo hago, no se entiende.
    Nos vemos!

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  2. Hola Paula, pasé para leer de nuevo tu texto y para comentarte que me parece muy interesante como trataste un tema tan delicado como el de la apropiación de bebés en la última dictadura. También me gustó el manejo del suspenso, y que la pregunta del comienzo se comprenda recién al final de la historia... Nos vemos el martes, saludos!

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  3. Hola Paula!. Me gusto mucho tu relato, como encaraste la narración y como al final del texto se respondi al interrogante del principio.
    Saludos, nos vemos mañana

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