“Aguas desconocidas” es un libro de Miles Harvey en el que pretende demostrar el poder que tuvieron y que aun tienen los mapas. Lo que se intenta analizar es la introducción y su capítulo quinto “como hacer un mapa, como llevarse un mapa”.
Harvey, como apasionado de la cartografía, se basa en dos historias de personas que arriesgaron su vida para robar mapas. Ambas están presentes siempre que emprende un proyecto porque lo orientan “me ayudan a fijar el rumbo del viaje que me espera”.
El primer artículo es acerca de los hermanos Houtman, comerciantes holandeses que su único objetivo era ganar dinero, pero en el afán de conseguirlo cualquier empresa les era bienvenida y la emprendían con tal valentía que hoy son recordados como aventureros y viajeros del siglo XVI.
En la Europa del Renacimiento, donde el mundo era aun un misterio, quien tenia el control de los mapas era la potencia. Portugal era una de ellas ya que habían logrado llegar a las Indias por vía marítima, lo cual significaba poseer especias, perlas, seda, es decir poder económico.
Los holandeses se destacaban por la excelencia en las construcciones navales pero lo que les faltaba eran las rutas marítimas que los podían llevar a las Indias. Tenían la mejor representación del mundo con Mercator, cartógrafo de origen holandés que aun hoy es recordado por sus aportes sobre el tema, pero carecían de aquello que los podía convertir en potencia, ese objeto deseado que se lo puede comparar con lo que representa el petróleo en el mundo de hoy: las cartas de navegación, un tesoro escondido en medio de Lisboa al que pocos tenían acceso.
Entonces toman protagonismo los hermanos Houtman; son encargados para dirigirse a Portugal y apropiarse de las cartas. Gracias a ellos, que exploraron y navegaron por aguas desconocidas la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (patrocinadoras del viaje a Portugal, germen del capitalismo moderno) consiguió las cartas y consecuentemente dominaron las rutas.
La segunda historia es acerca de un hombre que se dedicaba a robar mapas en las bibliotecas en la década del 90 pero del siglo XX.
Harvey sentía mucha atracción por este artículo porque le suscitaba muchas dudas “¿Qué tenían aquellos viejos y misteriosos mapas que a la gente le resultaba tan seductor?”. Comenzó a investigar el caso y resultó que este hombre llamado Bland ya había robado mapas en varias bibliotecas en Estados Unidos y Canadá. Con poco material para poder contestar sus interrogantes la reconstrucción del caso fue mucho más lenta y difícil.
Primero saco sus propias conjeturas: este hombre lo podía hacer para coleccionarlos. No seria la primera persona que roba para completar los estantes de sus bibliotecas. Pero lo que mas le fascinaba era la posibilidad de que lo haga por dinero.
El caso de Bland, este sujeto de vida mediocre que tenia la característica de cambiar de vida, aspecto físico de un momento para el otro, se le presentó a Harvey como una aventura. Según el hace tiempo estaba buscando resolver un enigma y lentamente fue adentrándose en aguas desconocidas.
El capitulo 5 relaciona el tiempo que lleva hacer un mapa, no solo la elaboración sino la investigación geográfica y el tiempo que se tarda en apropiarse de estos.
“un mapa no es un documento autosuficiente, sino una recopilación de lo que otros han visto o descubierto” afirma Harvey citando a Denis Wood. Por lo tanto requiere que otros hayan estado allí; pero no de la manera que señala Geertz ya que no es el cartógrafo quien debe recorrer el mundo en busca de información sino con las que brinden los viajeros y aventureros es suficiente.
La confección de mapas no es una tarea fácil. Demanda conocimientos de ciencia como los que puede aportar la astronomía, y de arte ya que debe llegar a la esencia de lo que esta representando.
Harvey va mas allá y afirma que los mapas son alquimia porque hacen visible lo invisible. A través de ellos “el mundo entero puede ver al mundo entero en su conjunto”.
Sin embargo apropiarse de estos no requiere tiempo, es solo cuestión de segundos y de habilidad mental para poder hacerlo.
Lo difícil es la entrada y la salida ya que supone atravesar una frontera. Estas no son simples delimitaciones físicas que dividen el adentro del afuera o un país del otro. Sino que son metáforas psicológicas y atravesarlas supone transgredir los mandamientos morales.
Tal vez para estos hombres cruzar fronteras supone plantearse un desafío que les genera sensación de poder, como Bland que al entrar en la biblioteca se convirtió en Perry adquiriendo una nueva identidad. Tal vez lo hagan para encontrar su verdadera personalidad.
miércoles, 14 de julio de 2010
jueves, 8 de julio de 2010
Notas de mi proyecto narrativo
En esta semana que pasó estuve indagando un poco acerca del tema central de mi proyecto que, como habíamos hablado en clase,muy probablemente sea el destierro.
“Googleando” me encontré con algunos artículos muy buenos, que seguramente me sirvan para ir dándole forma al escrito. También encontré diferentes definiciones (como éxodo, exilio, expatriación y refugio) que muchas veces son usados como sinónimos pero que sin embargo tienen algunas diferencias y para tener claro de que se esta hablando busqué los significados:
Exilio: es el estado de encontrarse lejos del lugar natural (ya sea ciudad o nación y puede definirse como la expatriación voluntaria o forzada, de un individuo. También se habla de un exilio interior respecto a personas que se ven obligadas a reasentarse dentro del propio país de residencia.
Expatriado: es una persona que reside en forma temporal o permanente en un país y cultura distinta de donde se educó, creció o posee residencia legal.
Éxodo: Emigración de un pueblo o de una muchedumbre de personas.
Destierro: Pena que consiste en expulsar a alguien de un lugar o de un territorio determinado, para que temporal o perpetuamente resida fuera de él.
Refugiado: Persona que, a consecuencia de guerras, revoluciones o persecuciones políticas, se ve obligada a buscar refugio fuera de su país.
Por otra parte en un artículo de página 12 rescate esta frase:
“El desterrado encuentra en la huida su última opción y emprende un viaje sin destino; su sola certeza es la incertidumbre, su única seguridad es la de estar vivo, aunque a veces dice que esa situación es equivalente a estar muerto en vida”.
Resume en pocas palabras los sentimientos de desarraigo, incertidumbre, nostalgia, desesperación, que siente el desterrado y que seguramente son los que van a experimentar mí personaje a lo largo de la historia (ambos todavía indefinidos).
Por último dejo la metáfora de Jano dios de las puertas, los comienzos y los finales en la mitología romana, que ilustra la situación en la que se encuentra el exiliado:
"Jano, representado con dos rostros opuestos que miran en dos direcciones simultáneamente: uno vuelto hacia el pasado, expresa la ruptura, la pérdida, la separación, la nostalgia, el duelo y un cierto grado de fragmentación de su experiencia. Esto puede ser vivido como su muerte social rubricada por la imposibilidad del regreso. El otro rostro mirando el futuro, confronta al sujeto con un medio desconocido, extraño a sus prácticas sociales e impenetrable a su lenguaje, lleno de peligros reales e imaginarios, pero que también constituye un espacio de potencial satisfacción".
“Googleando” me encontré con algunos artículos muy buenos, que seguramente me sirvan para ir dándole forma al escrito. También encontré diferentes definiciones (como éxodo, exilio, expatriación y refugio) que muchas veces son usados como sinónimos pero que sin embargo tienen algunas diferencias y para tener claro de que se esta hablando busqué los significados:
Exilio: es el estado de encontrarse lejos del lugar natural (ya sea ciudad o nación y puede definirse como la expatriación voluntaria o forzada, de un individuo. También se habla de un exilio interior respecto a personas que se ven obligadas a reasentarse dentro del propio país de residencia.
Expatriado: es una persona que reside en forma temporal o permanente en un país y cultura distinta de donde se educó, creció o posee residencia legal.
Éxodo: Emigración de un pueblo o de una muchedumbre de personas.
Destierro: Pena que consiste en expulsar a alguien de un lugar o de un territorio determinado, para que temporal o perpetuamente resida fuera de él.
Refugiado: Persona que, a consecuencia de guerras, revoluciones o persecuciones políticas, se ve obligada a buscar refugio fuera de su país.
Por otra parte en un artículo de página 12 rescate esta frase:
“El desterrado encuentra en la huida su última opción y emprende un viaje sin destino; su sola certeza es la incertidumbre, su única seguridad es la de estar vivo, aunque a veces dice que esa situación es equivalente a estar muerto en vida”.
Resume en pocas palabras los sentimientos de desarraigo, incertidumbre, nostalgia, desesperación, que siente el desterrado y que seguramente son los que van a experimentar mí personaje a lo largo de la historia (ambos todavía indefinidos).
Por último dejo la metáfora de Jano dios de las puertas, los comienzos y los finales en la mitología romana, que ilustra la situación en la que se encuentra el exiliado:
"Jano, representado con dos rostros opuestos que miran en dos direcciones simultáneamente: uno vuelto hacia el pasado, expresa la ruptura, la pérdida, la separación, la nostalgia, el duelo y un cierto grado de fragmentación de su experiencia. Esto puede ser vivido como su muerte social rubricada por la imposibilidad del regreso. El otro rostro mirando el futuro, confronta al sujeto con un medio desconocido, extraño a sus prácticas sociales e impenetrable a su lenguaje, lleno de peligros reales e imaginarios, pero que también constituye un espacio de potencial satisfacción".
domingo, 13 de junio de 2010
Trabajo etnográfico (versión II)
Son las 11 de la mañana y me encuentro esperando el colectivo 146 enfrente de Correo Central. Las amenazantes nubes en el cielo me impacientan ya que el colectivo todavía no ha llegado y el viaje es muy largo. Frente al correo se encuentran las terminales de muchas líneas que van hacia todos los puntos de Buenos Aires, y mi destino es zona Oeste, mas precisamente el Hospital Posadas. Es un recorrido interesante por los contrastes que hay entre las dos terminales. Por un lado Puerto Madero, uno de los lugares más exclusivos de Bs.As por su cercanía con el centro de la ciudad y por su salida inmediata al Río de La Plata sinónimo de prosperidad del barrio porteño desde hace más de dos siglos.
Por el otro lado se encuentra en Palomar el Hospital Nacional Alejandro Posadas, uno de los más importantes, al cual asiste gente de todas las provincias y que sin embargo la situación de la infraestructura y la provisión de insumos es precaria y escasa. De blanco a negro, matizando en el recorrido algunos grises. De la modernidad y la opulencia a la negligencia y dejadez. Todo en la misma ciudad.
Luego de 20 minutos de espera, me tomo el colectivo y sentada en un lugar donde puedo tener una vista “panorámica” comienzo a observar. Miro a la gente y no encuentro mas que algunos oficinistas (o supongo que lo son, su ropa y el lugar en el que nos encontramos me obligan a deducirlo), estudiantes (esto si es muy obvio, todos tienen una mochila y algunos sacan sus libros para estudiar), y gente que no me sugiere nada. La mayoría -hasta algunos ancianos- van con los auriculares escuchando música, seguramente usándolos como una forma de aliviar el pesado viaje; la música muchas veces ayuda a uno a aislarse y relajarse, muy difícil de poder lograrlo en una ciudad tan linda y caótica al mismo tiempo.
Para dar cuenta de que estuve allí tengo que describir todo lo que veo, todo lo que esta a mí alrededor. ¿Qué veo? Gente. Gente por todos lados, caminan se chocan, algunos corren colectivos, otros hablan por celulares, taxistas que se insultan con los colectiveros, individuos que parecen multitud, pero en realidad cada uno brega por su alma. Me recuerda a una canción de Divididos del último disco:
Avanzando retroceden
si la entendés,
angelitos de carrera
no ven la pared.
Un imbécil ahí te quiere pasar.
Tú qué sabes de mí,
tú qué sabes de vos.
Por las dudas no olvides
todo viaje tiene su fin,
ecos del rock.
El recorrido sigue y el movimiento no cesa. Mucha gente sube y baja del colectivo mientras logra avanzar, dependiendo de lo que indique el semáforo.
Al subir el puente de Paternal, tengo una vista privilegiada de la ciudad: muchos edificios se erigen mires por donde mires; solo basta para bajar la vista y ver las vías del tren San Martín y las casas precarias que la rodean. Es cuestión de dirigir la mirada y ver como en un mismo lugar hay tal contradicción.
Luego sube un vendedor de alfajores, que termina teniendo una excelente venta por el carisma con que da su discurso. Recuerdo que hace un tiempo atrás, también subió este mismo hombre, esta vez ofreciendo CDs de Marco Antonio Solís y también logro una muy buena venta. Me pregunto que vende más, si el carisma con que ofrece lo que vende, o el producto en sí. Supongo que la respuesta esta en la primera opción ya que todo discurso “marketinero” siempre tiene mayor aceptación.
A medida que nos vamos acercando a la Av. General Paz se van disipando los edificios tomando mayor protagonismo casas bajas. Muchos chicos que salen del colegio suben al colectivo y el ruido aumenta, sumado a la música en altavoz de algún que otro celular.Al cruzar la Gral. Paz el cambio es notorio. Las calles están en su mayoría rotas y los pozos nos hacen saltar del asiento. En el barrio Ejército de los Andes (conocido como Fuerte Apache) bajan un montón de personas, ya que este es uno de los pocos colectivos que van hacia el centro y al regreso los dejan en Ciudadela. Vuelvo a mirar alrededor: esta vez veo algunas calles de tierra, monobloques que se conectan entre si por medio de escaleras, ropa colgada en la calle, chicos que juegan en la placita del barrio. Aquí todos se conocen con todos, ya no se chocan sin saber quien es el otro, sino que se saludan ya que todos son vecinos.
Falta poco más de 15 minutos. En la calle M.T de Alvear esta el hospital Posadas y es allí donde termina el recorrido. El edificio viejo e imponente del hospital que se ve desde mi terraza, me recuerda que ahora tengo que caminar unas 15 cuadras para volver a casa.
En los escritos de los antropólogos el otro está bien diferenciado, se nota que pertenecen a culturas diferentes. En mi escrito no logro encontrar esa gran diferencia. Si pertenecemos a la misma ciudad, entonces ¿Qué tan otro es el otro?
(Sigo intentando. Espero que esta vez logre acercarse un poco mas al objetivo de la etnografía. Sigue sin título, ya se me va a prender la lamparita! )
Por el otro lado se encuentra en Palomar el Hospital Nacional Alejandro Posadas, uno de los más importantes, al cual asiste gente de todas las provincias y que sin embargo la situación de la infraestructura y la provisión de insumos es precaria y escasa. De blanco a negro, matizando en el recorrido algunos grises. De la modernidad y la opulencia a la negligencia y dejadez. Todo en la misma ciudad.
Luego de 20 minutos de espera, me tomo el colectivo y sentada en un lugar donde puedo tener una vista “panorámica” comienzo a observar. Miro a la gente y no encuentro mas que algunos oficinistas (o supongo que lo son, su ropa y el lugar en el que nos encontramos me obligan a deducirlo), estudiantes (esto si es muy obvio, todos tienen una mochila y algunos sacan sus libros para estudiar), y gente que no me sugiere nada. La mayoría -hasta algunos ancianos- van con los auriculares escuchando música, seguramente usándolos como una forma de aliviar el pesado viaje; la música muchas veces ayuda a uno a aislarse y relajarse, muy difícil de poder lograrlo en una ciudad tan linda y caótica al mismo tiempo.
Para dar cuenta de que estuve allí tengo que describir todo lo que veo, todo lo que esta a mí alrededor. ¿Qué veo? Gente. Gente por todos lados, caminan se chocan, algunos corren colectivos, otros hablan por celulares, taxistas que se insultan con los colectiveros, individuos que parecen multitud, pero en realidad cada uno brega por su alma. Me recuerda a una canción de Divididos del último disco:
Avanzando retroceden
si la entendés,
angelitos de carrera
no ven la pared.
Un imbécil ahí te quiere pasar.
Tú qué sabes de mí,
tú qué sabes de vos.
Por las dudas no olvides
todo viaje tiene su fin,
ecos del rock.
El recorrido sigue y el movimiento no cesa. Mucha gente sube y baja del colectivo mientras logra avanzar, dependiendo de lo que indique el semáforo.
Al subir el puente de Paternal, tengo una vista privilegiada de la ciudad: muchos edificios se erigen mires por donde mires; solo basta para bajar la vista y ver las vías del tren San Martín y las casas precarias que la rodean. Es cuestión de dirigir la mirada y ver como en un mismo lugar hay tal contradicción.
Luego sube un vendedor de alfajores, que termina teniendo una excelente venta por el carisma con que da su discurso. Recuerdo que hace un tiempo atrás, también subió este mismo hombre, esta vez ofreciendo CDs de Marco Antonio Solís y también logro una muy buena venta. Me pregunto que vende más, si el carisma con que ofrece lo que vende, o el producto en sí. Supongo que la respuesta esta en la primera opción ya que todo discurso “marketinero” siempre tiene mayor aceptación.
A medida que nos vamos acercando a la Av. General Paz se van disipando los edificios tomando mayor protagonismo casas bajas. Muchos chicos que salen del colegio suben al colectivo y el ruido aumenta, sumado a la música en altavoz de algún que otro celular.Al cruzar la Gral. Paz el cambio es notorio. Las calles están en su mayoría rotas y los pozos nos hacen saltar del asiento. En el barrio Ejército de los Andes (conocido como Fuerte Apache) bajan un montón de personas, ya que este es uno de los pocos colectivos que van hacia el centro y al regreso los dejan en Ciudadela. Vuelvo a mirar alrededor: esta vez veo algunas calles de tierra, monobloques que se conectan entre si por medio de escaleras, ropa colgada en la calle, chicos que juegan en la placita del barrio. Aquí todos se conocen con todos, ya no se chocan sin saber quien es el otro, sino que se saludan ya que todos son vecinos.
Falta poco más de 15 minutos. En la calle M.T de Alvear esta el hospital Posadas y es allí donde termina el recorrido. El edificio viejo e imponente del hospital que se ve desde mi terraza, me recuerda que ahora tengo que caminar unas 15 cuadras para volver a casa.
En los escritos de los antropólogos el otro está bien diferenciado, se nota que pertenecen a culturas diferentes. En mi escrito no logro encontrar esa gran diferencia. Si pertenecemos a la misma ciudad, entonces ¿Qué tan otro es el otro?
(Sigo intentando. Espero que esta vez logre acercarse un poco mas al objetivo de la etnografía. Sigue sin título, ya se me va a prender la lamparita! )
lunes, 31 de mayo de 2010
Trabajo etnográfico
Son las 11 de la mañana y me encuentro esperando el colectivo 146 enfrente de Correo Central. Las amenazantes nubes en el cielo me impacientan ya que el colectivo todavía no ha llegado y el viaje es muy largo. Frente al correo se encuentran las terminales de muchas líneas que van hacia todos los puntos de Buenos Aires, y mi destino en particular es zona Oeste, mas precisamente el Hospital Posadas. Es un recorrido interesante por los contrastes que hay entre las dos terminales.
En la cola no somos muchos mas de 15 personas y yo estoy bastante adelante, así que es probable que consiga asiento. Luego de 20 minutos de espera me tomo el colectivo y apenas subo selecciono el asiento ideal para tener una vista “panorámica”,1.75 sale el recorrido, el chofer me indica que va a tardar aproximadamente una hora y media o más, suficiente como para hacer mí trabajo.
Miro alrededor: veo mujeres y hombres muy bien vestidos, también veo chicos de mi edad con mochilas y carteras seguramente sean estudiantes; pocos niños y muchos ancianos estando todo en orden comienza el recorrido. Siento como si fuera la primera vez q viajo en colectivo, o los demás pensaran eso de mí porque parezco un niño observando todo. Los detalles que mas me llaman la atención son la cantidad de personas que veo con sus auriculares escuchando música, seguramente usándolos como una forma de aliviar el pesado viaje, los ruidos molestos de los motores y de las bocinas desesperadas.
Inmediatamente pasa por Plaza de Mayo, sigue por Diagonal Norte y toma Sarmiento hasta Pueyrredón. En menos de 5 minutos recorre lugares históricos que hasta hace unos días estaban de fiesta junto a todos los argentinos. No soy la única que gira la cabeza hacia su izquierda para observar. El colectivo esta en pleno movimiento durante todo el viaje, la gente sube, baja, sede asientos, mientras que recorre diferentes barrios.
Por la calle Sarmiento es mayor la cantidad de estudiantes que suben ya que a menos de 10 cuadras se encuentran las facultades de medicina y economía. Cerca mío se sientan dos chicas, y rápidamente me doy cuenta que son estudiantes de medicina porque es de lo único que hablan durante el trayecto. En el barrio de Once suben alrededor de 4 o 5 personas con bolsas llenas, seguramente llenas de ropa, ya que allí se consiguen mas barato. Este es uno de los trayectos mas pesados, hay mucha gente y el transito esta cargado, cuesta avanzar.
A la altura del barrio de Caballito se vacía un poco y se viaja mejor. Después de pasar el monumento al Cid Campeador, y al entrar en Av. San Martín sube un vendedor de alfajores, que termina teniendo una excelente venta por el carisma con que da su discurso.
Al subir el puente de Paternal, tengo una vista privilegiada de la ciudad: muchos edificios se erigen mires por donde mires; solo basta para bajar la vista y ver las vías del tren San Martín y las casas precarias que la rodean. Es cuestión de dirigir la mirada y ver como en un mismo lugar hay tal contradicción. En Agronomía suben un montón de estudiantes y el colectivo vuelve a llenarse.
Por avenida Beiró nuevamente edificios colman el barrio; aquí bajan muchas personas bien vestidas, ya que Devoto es una zona de clase media alta. A medida que nos vamos acercando a la Av. General Paz se van disipando los edificios tomando mayor protagonismo casas bajas. Muchos chicos que salen del colegio suben al colectivo y el ruido aumenta, sumado a la música en altavoz de algún que otro celular.
Al cruzar la Gral. Paz el cambio es notorio. Las calles están en su mayoría rotas y los pozos nos hacen saltar del asiento. En el barrio Ejército de los Andes (conocido como Fuerte Apache) bajan un montón de personas, ya que este es uno de los pocos colectivos que van hacia el centro y al regreso los dejan en Ciudadela.
Falta poco más de 15 minutos. En la calle M.T de Alvear esta el hospital Posadas y es allí donde termina el recorrido. Baja una señora mayor, un hombre y una mujer joven. El edificio viejo e imponente del hospital que se ve desde mi terraza, me recuerda que ahora tengo que caminar unas 15 cuadras para volver a casa. Me pregunto que tan “otro” es el otro, al fin y al cabo vivimos en la misma ciudad.
En la cola no somos muchos mas de 15 personas y yo estoy bastante adelante, así que es probable que consiga asiento. Luego de 20 minutos de espera me tomo el colectivo y apenas subo selecciono el asiento ideal para tener una vista “panorámica”,1.75 sale el recorrido, el chofer me indica que va a tardar aproximadamente una hora y media o más, suficiente como para hacer mí trabajo.
Miro alrededor: veo mujeres y hombres muy bien vestidos, también veo chicos de mi edad con mochilas y carteras seguramente sean estudiantes; pocos niños y muchos ancianos estando todo en orden comienza el recorrido. Siento como si fuera la primera vez q viajo en colectivo, o los demás pensaran eso de mí porque parezco un niño observando todo. Los detalles que mas me llaman la atención son la cantidad de personas que veo con sus auriculares escuchando música, seguramente usándolos como una forma de aliviar el pesado viaje, los ruidos molestos de los motores y de las bocinas desesperadas.
Inmediatamente pasa por Plaza de Mayo, sigue por Diagonal Norte y toma Sarmiento hasta Pueyrredón. En menos de 5 minutos recorre lugares históricos que hasta hace unos días estaban de fiesta junto a todos los argentinos. No soy la única que gira la cabeza hacia su izquierda para observar. El colectivo esta en pleno movimiento durante todo el viaje, la gente sube, baja, sede asientos, mientras que recorre diferentes barrios.
Por la calle Sarmiento es mayor la cantidad de estudiantes que suben ya que a menos de 10 cuadras se encuentran las facultades de medicina y economía. Cerca mío se sientan dos chicas, y rápidamente me doy cuenta que son estudiantes de medicina porque es de lo único que hablan durante el trayecto. En el barrio de Once suben alrededor de 4 o 5 personas con bolsas llenas, seguramente llenas de ropa, ya que allí se consiguen mas barato. Este es uno de los trayectos mas pesados, hay mucha gente y el transito esta cargado, cuesta avanzar.
A la altura del barrio de Caballito se vacía un poco y se viaja mejor. Después de pasar el monumento al Cid Campeador, y al entrar en Av. San Martín sube un vendedor de alfajores, que termina teniendo una excelente venta por el carisma con que da su discurso.
Al subir el puente de Paternal, tengo una vista privilegiada de la ciudad: muchos edificios se erigen mires por donde mires; solo basta para bajar la vista y ver las vías del tren San Martín y las casas precarias que la rodean. Es cuestión de dirigir la mirada y ver como en un mismo lugar hay tal contradicción. En Agronomía suben un montón de estudiantes y el colectivo vuelve a llenarse.
Por avenida Beiró nuevamente edificios colman el barrio; aquí bajan muchas personas bien vestidas, ya que Devoto es una zona de clase media alta. A medida que nos vamos acercando a la Av. General Paz se van disipando los edificios tomando mayor protagonismo casas bajas. Muchos chicos que salen del colegio suben al colectivo y el ruido aumenta, sumado a la música en altavoz de algún que otro celular.
Al cruzar la Gral. Paz el cambio es notorio. Las calles están en su mayoría rotas y los pozos nos hacen saltar del asiento. En el barrio Ejército de los Andes (conocido como Fuerte Apache) bajan un montón de personas, ya que este es uno de los pocos colectivos que van hacia el centro y al regreso los dejan en Ciudadela.
Falta poco más de 15 minutos. En la calle M.T de Alvear esta el hospital Posadas y es allí donde termina el recorrido. Baja una señora mayor, un hombre y una mujer joven. El edificio viejo e imponente del hospital que se ve desde mi terraza, me recuerda que ahora tengo que caminar unas 15 cuadras para volver a casa. Me pregunto que tan “otro” es el otro, al fin y al cabo vivimos en la misma ciudad.
lunes, 10 de mayo de 2010
Identidad oculta
Texto con inclusión (segunda version)
¿Dónde se guarda el rencor que deja una herida? Se preguntó Mariano después de enterarse de la verdad.
Mariano era un exitoso abogado de 34 años, casado con Lorena, una hermosa mujer que también era abogada. En una familia de clase media, la vida de este hombre debería producir orgullo. Pero desde que tiene uso de la razón, siempre fue desplazado en su hogar. Su familia siempre se ocupo de que tenga todos los juguetes y la mejor ropa, pero de nada servía si no le brindaban el cariño que un niño necesita. –sos un desagradecido- era la frase típica de su padre cuando decía algo contrariándolo.
Cuando tenía 18 años comenzó su carrera en la facultad de Derecho, obligado por su padre; allí conoció a Lorena. Ella participaba en el centro de estudiantes, y no le costo mucho convencerlo para que militen juntos. Lorena logró mostrarle un mundo nuevo a Mariano y este pudo entender que las villas no eran sinónimo de violencia (como le habían enseñado en la casa) si te acercabas a ofrecer una mano. Había mucho amor entre ellos dos, Mariano siempre decía que gracias a ella pudo dar los primeros pasos como ser humano. Al recibirse se casaron y dedicaron sus vidas a ofrecer ayuda al prójimo.
El 2002 fue un año movilizado. Lorena había perdido un embarazo y estaba muy shockeada por este suceso. Una noche se despierta desconsolada producto de un sueño que la desveló durante el resto de la noche. En él aparecía su marido de bebe en abrazos de una mujer de pelo oscuro y ojos color miel, muy parecida a él que lo estaba amamantando, y esa mujer no era su suegra. -Por favor amor hacelo por mí -dijo ella- si algún día vamos a tener hijos quiero que sepan sobre su verdadera identidad. Lorena le propuso a su marido asistir a Abuelas de plaza de mayo y hacerse un estudio de ADN. Mariano siempre tuvo esa duda, pero la posibilidad de saber la verdad le generaba mucho miedo. Pero ella, como siempre, logró convencerlo.
Con mucha valentía asistió y se realizó el examen. Fueron las dos semanas más eternas de su vida, no podía dormir y una sensación rara le carcomía la cabeza.
Llegó el día. Junto con su mujer, escucharon el resultado: Mariano era hijo de desaparecidos, había nacido en un centro clandestino en La Plata hacía 34 años. Esta noticia le causo un gran vacío. Sus padres ahora eran sus apropiadores y Mariano en realidad era Camilo.
¿Dónde se guarda el rencor que deja una herida? Se preguntó Mariano después de enterarse de la verdad.
Mariano era un exitoso abogado de 34 años, casado con Lorena, una hermosa mujer que también era abogada. En una familia de clase media, la vida de este hombre debería producir orgullo. Pero desde que tiene uso de la razón, siempre fue desplazado en su hogar. Su familia siempre se ocupo de que tenga todos los juguetes y la mejor ropa, pero de nada servía si no le brindaban el cariño que un niño necesita. –sos un desagradecido- era la frase típica de su padre cuando decía algo contrariándolo.
Cuando tenía 18 años comenzó su carrera en la facultad de Derecho, obligado por su padre; allí conoció a Lorena. Ella participaba en el centro de estudiantes, y no le costo mucho convencerlo para que militen juntos. Lorena logró mostrarle un mundo nuevo a Mariano y este pudo entender que las villas no eran sinónimo de violencia (como le habían enseñado en la casa) si te acercabas a ofrecer una mano. Había mucho amor entre ellos dos, Mariano siempre decía que gracias a ella pudo dar los primeros pasos como ser humano. Al recibirse se casaron y dedicaron sus vidas a ofrecer ayuda al prójimo.
El 2002 fue un año movilizado. Lorena había perdido un embarazo y estaba muy shockeada por este suceso. Una noche se despierta desconsolada producto de un sueño que la desveló durante el resto de la noche. En él aparecía su marido de bebe en abrazos de una mujer de pelo oscuro y ojos color miel, muy parecida a él que lo estaba amamantando, y esa mujer no era su suegra. -Por favor amor hacelo por mí -dijo ella- si algún día vamos a tener hijos quiero que sepan sobre su verdadera identidad. Lorena le propuso a su marido asistir a Abuelas de plaza de mayo y hacerse un estudio de ADN. Mariano siempre tuvo esa duda, pero la posibilidad de saber la verdad le generaba mucho miedo. Pero ella, como siempre, logró convencerlo.
Con mucha valentía asistió y se realizó el examen. Fueron las dos semanas más eternas de su vida, no podía dormir y una sensación rara le carcomía la cabeza.
Llegó el día. Junto con su mujer, escucharon el resultado: Mariano era hijo de desaparecidos, había nacido en un centro clandestino en La Plata hacía 34 años. Esta noticia le causo un gran vacío. Sus padres ahora eran sus apropiadores y Mariano en realidad era Camilo.
El trébol de la suerte -texto con predominio de palabras graves-
En un bosque de la Patagonia, ubicado en el medio de una montaña, habita una tribu aborigen que conserva costumbres milenarias; esta dirigida por la sabiduría de los ancianos, quienes afirman que el bosque es sagrado, tiene poderes mágicos y aún esta intacto.
Llevan una vida muy tranquila, salvo por las injerencias del hombre de la ciudad y sus maquinas perniciosas que mas de una vez pretendieron arrasar los árboles por razones absurdas. Nunca pudieron, o talvez nunca quisieron entender que ese bosque tiene magia.
Sin embargo estos hombres no son sus únicos enemigos. Entre las arboledas habitan duendes que salen las noches de luna llena en busca de los niños de la tribu, y con ellos realizar sus rituales.
Una noche fría salieron en busca de niños. Uno de estos estaba en el bosque buscando ramas caídas para hacer fuego, y no advirtió que era noche de luna llena. De repente escucha el canto perverso de estos enanos con gorro azul. Héctor, el niño, sale corriendo desesperado y logra esconderse detrás de un árbol relegado por los ancianos, porque según ellos daba mala suerte. Agacha su cabeza y logra ver un trébol, lo arranca en el mismo momento que aparecen los duendes; el niño se lo ofrece con su pequeña mano temblando, y estos salen corriendo con un grito exasperado perdiéndose en el bosque.
En su regreso a la casa Héctor vio que el trébol tenía cuatro hojas. Lo había encontrado, era el trébol de la suerte.
Llevan una vida muy tranquila, salvo por las injerencias del hombre de la ciudad y sus maquinas perniciosas que mas de una vez pretendieron arrasar los árboles por razones absurdas. Nunca pudieron, o talvez nunca quisieron entender que ese bosque tiene magia.
Sin embargo estos hombres no son sus únicos enemigos. Entre las arboledas habitan duendes que salen las noches de luna llena en busca de los niños de la tribu, y con ellos realizar sus rituales.
Una noche fría salieron en busca de niños. Uno de estos estaba en el bosque buscando ramas caídas para hacer fuego, y no advirtió que era noche de luna llena. De repente escucha el canto perverso de estos enanos con gorro azul. Héctor, el niño, sale corriendo desesperado y logra esconderse detrás de un árbol relegado por los ancianos, porque según ellos daba mala suerte. Agacha su cabeza y logra ver un trébol, lo arranca en el mismo momento que aparecen los duendes; el niño se lo ofrece con su pequeña mano temblando, y estos salen corriendo con un grito exasperado perdiéndose en el bosque.
En su regreso a la casa Héctor vio que el trébol tenía cuatro hojas. Lo había encontrado, era el trébol de la suerte.
domingo, 25 de abril de 2010
Paraíso cultural
“La independencia está en la cabeza” afirmó uno de los directores argentinos de la escena under, luego que le hayan preguntado en una entrevista si le molestaba que el festival de cine independiente sea tan comercial estos últimos años.
El Bafici se presentó en la ciudad la segunda semana de abril y con Pablo acordamos ir un lunes a la salida de la clase de antropología. Todavía pensando en Malinovsky y Levi-Strauss nos tomamos el 146 que nos dejó justo enfrente del Abasto, sobre la ruidosa avenida Corrientes. Esquivando maletines y tacos altos, entramos al Shopping y después de dar varias vueltas encontramos una especie de mapa que nos condujo al cine. Un espacio muy grande, iluminado por el sol de mediodía impregnado de carteles que decían “BAFICI” nos dio la pauta de que no nos habíamos perdido. Un lunes a las dos de la tarde no es el horario convencional para ir al cine, sin embargo este festival que viene una sola vez al año y dura pocos días, rompe con esa regla. El Staff “especializado” ubicado en el centro del lugar brindaba todo tipo de información acerca del festival, y por supuesto nos dirigimos a él.
La diversidad es la característica principal entre los espectadores; para los cinéfilos y estudiantes de cine este lugar tiene todo lo que necesitan: variedad en la oferta. Pero no es exclusivo para ellos, también hay gente que se acerca para curiosear atraídos por la publicidad que empapela la ciudad. Además la entrada es accesible y eso atrae a muchos. En fin ante la variedad de público el objetivo es el mismo: disfrutar de una buena función. En medio de todo esto, estábamos Pablo y yo, elegimos azarosamente un film con una sinopsis que parezca interesante, y entre tantas opciones Paraíso parecía ser la indicada. Con lápiz y papel en mano y una gaseosa bien fría, entramos a la silenciosa sala con los minutos contados y con muchas expectativas.
Esta película es el primer largometraje del director peruano Héctor Gálvez, que tubo reconocimiento internacional en el festival de Venecia y junto con la coproducción de España y Alemania este proyecto se hizo posible. Basada en la historia de cinco amigos de un barrio marginal de Lima, en edad de salir a buscar el destino, mitad impulsados por la necesidad de hacer algo y mitad presionados por sus familias. Las condiciones económicas y sociales no les permiten cumplir sus sueños y esto es representado por una adolescente que quiere estudiar periodismo y su madre no se lo permite ya que no tienen dinero para pagarle los estudios. Algo me hace ruido, pienso en todos los jóvenes que les gustaría estar estudiando y no pueden hacerlo por tener que salir a trabajar. Me siento culpable y agradecida al mismo tiempo. Otro de los chicos se alista en el ejército para tener un sueldo y seguir una carrera. El mas soñador, ante la revolucionaria llegada del circo al pueblo se acerca a él para que le enseñen a volar y de este modo enfrentar el miedo para poder lograrlo, y lo logra.
La película termina, cuando el circo se retira y con el se va el animo de fiesta que inunda el pueblo una vez al año.
Salvo parte de su cultura y sus costumbres, nada tiene de diferente a la situación de los jóvenes que se encuentran marginados de la gran ciudad en Argentina e intuyo que en toda Latinoamérica, ya que las oportunidades son para unos pocos y el futuro es totalmente incierto.
Salimos de la sala regocijados y un cartel de I SAT habla por nosotros: ”Esperamos ver algo que no esperamos ver”.
Hasta acá llegue. Seguramente para el martes, agregue o modifique algunas cosas. Acepto todo tipo de criticas. Saludos!
El Bafici se presentó en la ciudad la segunda semana de abril y con Pablo acordamos ir un lunes a la salida de la clase de antropología. Todavía pensando en Malinovsky y Levi-Strauss nos tomamos el 146 que nos dejó justo enfrente del Abasto, sobre la ruidosa avenida Corrientes. Esquivando maletines y tacos altos, entramos al Shopping y después de dar varias vueltas encontramos una especie de mapa que nos condujo al cine. Un espacio muy grande, iluminado por el sol de mediodía impregnado de carteles que decían “BAFICI” nos dio la pauta de que no nos habíamos perdido. Un lunes a las dos de la tarde no es el horario convencional para ir al cine, sin embargo este festival que viene una sola vez al año y dura pocos días, rompe con esa regla. El Staff “especializado” ubicado en el centro del lugar brindaba todo tipo de información acerca del festival, y por supuesto nos dirigimos a él.
La diversidad es la característica principal entre los espectadores; para los cinéfilos y estudiantes de cine este lugar tiene todo lo que necesitan: variedad en la oferta. Pero no es exclusivo para ellos, también hay gente que se acerca para curiosear atraídos por la publicidad que empapela la ciudad. Además la entrada es accesible y eso atrae a muchos. En fin ante la variedad de público el objetivo es el mismo: disfrutar de una buena función. En medio de todo esto, estábamos Pablo y yo, elegimos azarosamente un film con una sinopsis que parezca interesante, y entre tantas opciones Paraíso parecía ser la indicada. Con lápiz y papel en mano y una gaseosa bien fría, entramos a la silenciosa sala con los minutos contados y con muchas expectativas.
Esta película es el primer largometraje del director peruano Héctor Gálvez, que tubo reconocimiento internacional en el festival de Venecia y junto con la coproducción de España y Alemania este proyecto se hizo posible. Basada en la historia de cinco amigos de un barrio marginal de Lima, en edad de salir a buscar el destino, mitad impulsados por la necesidad de hacer algo y mitad presionados por sus familias. Las condiciones económicas y sociales no les permiten cumplir sus sueños y esto es representado por una adolescente que quiere estudiar periodismo y su madre no se lo permite ya que no tienen dinero para pagarle los estudios. Algo me hace ruido, pienso en todos los jóvenes que les gustaría estar estudiando y no pueden hacerlo por tener que salir a trabajar. Me siento culpable y agradecida al mismo tiempo. Otro de los chicos se alista en el ejército para tener un sueldo y seguir una carrera. El mas soñador, ante la revolucionaria llegada del circo al pueblo se acerca a él para que le enseñen a volar y de este modo enfrentar el miedo para poder lograrlo, y lo logra.
La película termina, cuando el circo se retira y con el se va el animo de fiesta que inunda el pueblo una vez al año.
Salvo parte de su cultura y sus costumbres, nada tiene de diferente a la situación de los jóvenes que se encuentran marginados de la gran ciudad en Argentina e intuyo que en toda Latinoamérica, ya que las oportunidades son para unos pocos y el futuro es totalmente incierto.
Salimos de la sala regocijados y un cartel de I SAT habla por nosotros: ”Esperamos ver algo que no esperamos ver”.
Hasta acá llegue. Seguramente para el martes, agregue o modifique algunas cosas. Acepto todo tipo de criticas. Saludos!
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