En un párrafo con menos de treinta líneas, Adorno y Horkheimer hacen una crítica sumamente acertada sobre las consecuencias que traen aparejadas los medios de comunicación al influir sobre la sociedad.
sábado, 23 de octubre de 2010
Ensayo de Adorno y Horkheimer
sábado, 16 de octubre de 2010
Benjamin y el arte de narrar
Lo sorprendente del texto de Benjamin es que a pesar de haber sido escrito hace más de 70 años, sus ideas se amoldan perfectamente a la sociedad de hoy. ¿Un visionario o el mundo no ha sufrido modificaciones en este último siglo?
Para poder responderme voy a tratar de hacer un repaso por su ensayo: el autor plantea que el exceso de información a través de los medios de comunicación limita el desarrollo de la narración, pues el merito de ésta consiste en dar lugar a la libre interpretación.
Lo importante para la noticia es no perder tiempo y si se tiene la primicia mejor aún. Por lo tanto si el hecho es dudoso, los periodistas se encargan de explicarlo de manera que llame más la atención del destinatario. Quien se toma el tiempo de indagar, pierde. La desinformación y la tergiversación no vinieron añadidas al boom de Internet y los medios modernos, sino que es un problema de antaño.
Cualquier texto que pueda perpetuarse en el tiempo guarda en su interior el arte de narrar, por lo tanto carece de explicaciones y conclusiones absurdas que agotan el tema que se está abordando. Este ensayo “almacena la fuerza reunida en su interior y puede volver a desplegarla después de largo tiempo”. Entonces ni Benjamin es un visionario, ni el mundo es inamovible pues como las semillas que estuvieron cerradas en las cámaras de las pirámides, este texto sigue conservando su fuerza germinadora hasta el día de hoy.
Experimentando con el ensayo
Lo primero que se me viene a la cabeza cuando hablamos de ensayo es la idea de “prueba y error”. Intentar una y mil veces hasta lograr lo que se está buscando.
Al menos hasta que leí algunas definiciones formales sobre este género pensaba que se trataba de eso. “el ensayo es una composición expositiva, preferentemente en prosa, que suele proporcionar información, interpretación o explicación acerca de un asunto tópico. Presupone una formulación provisional, ni definitiva ni verificada, de las opiniones que enuncia”.
Me resulta interesante la idea de “formulación provisional”, porque que no detenta explicar ninguna verdad universal, como sucede con los artículos de divulgación científica, sino que tiene como objetivo enunciar la verdad del autor, es decir se centra en su subjetivismo. Por lo tanto el ensayo va a girar en torno de la mirada de quien escribe y no tanto del tema en cuestión.
Lo característico de este género es la libertad que tiene el autor para elegir el tema. Tal es así que Montaigne, ha escrito desde “filosofar es prepararse para morir” hasta “de la costumbre de vestirse”; queda en evidencia que aquí lo importante es persuadir al lector a través de una mirada que escape de los lugares comunes, para posarse donde nunca se ha hecho.
Entonces mi idea sobre ensayo no estaba tan desacertada. Al fin y al cabo en este momento me encuentro probando, experimentando para poder lograr un auténtico ensayo.
lunes, 11 de octubre de 2010
Sobre la toma.
A principios de septiembre se cayó un vidrio en Marcelo T y produjo que se decida tomar la facultad. "¿Tanto por un vidrio?". Su caída fue la gota que rebalsó el vaso, la negativa a seguir estudiando en condiciones precarias, salir a buscar respuestas a quienes deberían solucionar esto; entonces la culpa no es del vidrio.
En la finalidad de la toma estábamos todos de acuerdo, sin embargo las diferencias surgieron por el modo mediante el cual se llevó a cabo. Más allá que esto se decida en las asambleas (es decir de manera democrática) algunos estudiantes (y agrupaciones) estaban en contra de las medidas que allí se tomaban. "De esta forma se vacía de contenido la facultad". Esto no es así ya que por medio de las clases públicas se pudo socializar el reclamo cursando en las calles o pasillos de la facultad. "Así no se puede estudiar!". Es verdad, el ruido de la calle genera distracción e imposibilita que la cursada se pueda realizar en su totalidad, pero las condiciones de las aulas de la facultad no son muy dignas que digamos.
Con el correr de los días empezaron a diamular rumores sobre la posibilidad de perder el cuatrimestre, ya que algunos profesores rechazaban el modo de reclamo. Por lo tanto empezó a tomar peso la idea que la toma estaba agotada y que se tendría que normalizar la situación, esto implicaba dar marcha atrás, hacer de cuenta que allí no había pasado nada. En contraposición estaban aquellos que la defendían, y fueron los que fomentaron la idea que la única lucha que se pierde es la que se abandona.
Mas allá de las agrupaciones, los estudiantes, del debate toma si/toma no, esto se minimiza cuando la cuestión que está en juego es la defensa de la educación pública. Aquí es donde nos volvemos a unir todos lo que sabemos que esta es la única forma de garantizar el futuro. Es un arma muy poderosa que predomina en los discursos de los candidatos, pero son solo promesas, saben que si las cumplen estarían jugando con fuego porque “un pueblo educado es un pueblo libre” y agrego un pueblo libre sabe elegir.
Por lo tanto esto debería ser un motivo de lucha para la sociedad y no solamente para la facultad de sociales, porque la educación es un derecho, al fin y al cabo es lo único que le queda a uno en esta vida.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Respuesta carta argumentativa
Confieso que es muy difícil responderte, por eso mi tardanza en hacerlo. A mi también la muerte de Marcos me afecta mucho. La verdad que era una persona muy querible, al igual que vos, todavía me cuesta reponerme del impacto que genera su muerte. Trato de imaginar tu dolor, tu desesperación pero es imposible, yo no tengo hijos. Y responderte únicamente para decir “te acompaño en el sentimiento” sería hipócrita de mi parte, y eso no es lo que vos esperas de mí.
Fuiste sos y serás un maestro. Mí padre siempre tuvo celos de nuestra relación casi fraternal, pero de él también estuve orgulloso, aunque nunca se lo pude decir. Me enseñaste a mirar el mundo con otros ojos, a confiar y a solidarizarme con los demás. Y ahora me venís a decir que dude de todo! Ya es tarde para que me digas estas cosas, la entrega y el compromiso son parte de mi vida.
No quisiera sentirlo, pero la verdad es que estoy decepcionado. Y tu carta ayuda a fortalecer mis ideales, sí esos que tanto hemos defendido, esos por los que brindamos con mate cocido, aquella noche fría de julio en Ciudad Evita, repartiendo frazadas y alimentos, cuando bien pudimos haber estado festejando tu cumpleaños con familiares y amigos.
Talvez soy demasiado joven para poder entenderte, y la advertencia de mi padre cuando decía “el día que tengas un hijo vas a ver como me vas a entender” fuese cierta. Pero me resulta tan difícil poder darte la razón. Comparto con vos la idea de que aquel que comete un crimen debe pagar por ello. Pero el pibe tiene 16 años, también es una victima de este sistema tan injusto. Mandarlo a la cárcel sería casi como matarlo. Ese pibe necesita ayuda, educación, contención. Vos sabes muy bien como funciona el mundo, yo no soy nadie para explicártelo.
También, al igual que vos, siento un desequilibrio interno. Pareciera que esta carta en lugar de respondérsela a mi maestro de la vida, estaría dirigida a esos reaccionarios que piensan que en cada esquina que frenen con sus autos lujosos se la van a dar. Esos que andan por la vida despotricando contra los negros, los resentidos sociales, los culpables de todo. Pero sé que vos no sos uno de ellos. Sé que estas atravesando el peor momento de tu vida y necesitas vengarte de quien te arrebato lo mas importante que tenías. Lo que no sé es si vas a volver a ser el mismo de antes.
Espero no ofenderte con mi carta. Digo lo que pienso, la hipocresía no es mi idioma. Gracias por todo lo que me enseñaste alguna vez, mi respuesta es producto de eso.
Abrazo grande.
Gaby.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Carta argumentativa (segunda versión)
Me dirijo a usted con todo mi respeto, mi nombre es Daniela Rodríguez, vivo en Capital Federal, estudio en el colegio Mariano Acosta y estoy en 5º año del secundario. Tal vez nunca llegue a sus manos esta carta y yo gaste mi tiempo escribiéndola, pero me surge la necesidad de hacerlo luego de haber visto su programa de televisión el lunes por la noche.
Indignación es la palabra que describe mis sentimientos en este momento. Sí, quien debe estar indignada soy yo, y no usted como afirma estarlo luego de ver “a esos chicos tomando el colegio con total impunidad sin que nadie pudiera hacer nada”. Me pregunto qué es lo que usted desea que nos hagan ¿querrá que nos repriman? ¿O querrá que nos lleven presos?
Como alumna de un colegio del Estado me siento en la obligación de tomar posición y formular una posible respuesta. Durante la media hora que duró su monologo, tan prolijo y serio por cierto, se limitó a desacreditar la toma en las escuelas, afirmar de lo mal que esta que se pierdan días de clases, de la violencia impuesta por aquellos pocos alumnos que están al frente de la toma y lo que mas me irrita es que asevero, con total convicción, que esto es una campaña en contra del jefe de gobierno, Mauricio Macri.
Yo comparto con usted la preocupación de la perdida de días de clases, porque soy defensora acérrima de la educación; y por esta misma razón es que participo en las decisiones que se llevan a cabo para poder mejorar el sistema educativo. Resulta que no es nada fácil, que las intenciones de quienes deberían asegurarnos una educación digna son nulas y desoyen nuestros pedidos prometiéndonos algo que de antemano se sabe que no van a cumplir. Además los medios son cómplices de ellos y en lugar de sumarse a nuestra lucha legítima, la hacen parecer como si fuese un reclamo caprichoso, desinformando a la sociedad.
Por otro lado su concepto de violencia es muy distinto del mío. Yo veo violencia en las goteras de las paredes de mi colegio, en los baños sucios y rotos, en las ventanas que no se cierran en invierno y el frío que entra por ellas, en la biblioteca vacía con los estantes esperando alguna muestra de solidaridad de algún lector retirado.
Donde también noto violencia es en su discurso despectivo. En los argumentos poco felices que utiliza para desacreditar nuestra protesta como decir que cuando usted iba al colegio tampoco había calefacción en las aulas entonces no entiende de qué nos quejamos. Con respecto a esto quiero decirle simplemente dos cosas: Hace 40 años atrás en casi ningún colegio había estufas, mi padre pertenece a su generación y es testigo de ello. Y a la escuela privada a la que usted iba y de la que hace tanta mención, seguramente las ventanas estaban bien cerradas y el frío no se filtraba por ningún lado.
Entonces,dígame si el nombre de su programa “la hora de la verdad” no es una verdadera infamia.
No pretendo que esta carta sea leída al aire ni muchos menos, se que eso es un absurdo. Simplemente quiero invitarlo que como periodista cumpla con su rol de decir la verdad y no tergiversar la realidad, porque la educación esta pasando por un momento crítico, y eso usted lo sabe muy bien. No solo los colegios, sino ahora las universidades se sumaron a la misma lucha; entonces decir que somos “unos irrespetuosos maleducados” no tiene sentido, sobre todo cuando esos “maleducados” somos los que tenemos conciencia de nuestra situación y formamos parte de las decisiones que se toman en la sociedad. No se olvide que somos el futuro ¿o usted prefiere un país repleto de ignorantes? Si usted mirará con los mismos ojos que veo yo, estoy segura que se retractaría de lo que dijo.
Mi única arma es la palabra y la uso a favor de la sociedad. Espero que usted también haga lo mismo.
Muchas gracias por su tiempo.
Daniela Rodríguez
lunes, 6 de septiembre de 2010
Carta argumentativa
Me dirijo a usted con todo mi respeto, mi nombre es Daniela Rodríguez, vivo en Quilmes, provincia de Buenos Aires, estudio en la escuela número 4 del mismo barrio y estoy en 5º año del secundario. Tal vez nunca llegue a sus manos esta carta y yo gaste mi tiempo escribiéndola, pero me surge la necesidad de hacerlo luego de haber visto su programa de televisión el lunes por la noche.
Indignación es la palabra que describe mis sentimientos en este momento. Sí, quien debe estar indignada soy yo, y no usted como afirmo estarlo luego de ver “a esos chicos tomando el colegio con total impunidad sin que nadie pudiera hacer nada”. Me pregunto qué es lo que usted desea que les hagan ¿querrá que los repriman? ¿O querrá que los lleven presos?
Como alumna de un colegio del Estado me siento en la obligación de tomar posición y dirigirme a usted primero porque limitó todo su monólogo a hablar de lo mal que está que los chicos pierdan días de clases, de lo nefasto que es tomar las escuelas y peor aún, se tomó el atrevimiento de afirmar que esto es una campaña en contra de Macri. Y segundo porque en ningún momento hizo mención de la situación edilicia precaria e insuficiente que tienen los colegios, no solo de capital sino de provincia (soy testigo de ello) y estoy segura que en el resto del país. Entonces dígame si el nombre de su programa “la hora de la verdad” no es una verdadera infamia.
Por otro lado, uno de los argumentos utilizados para desacreditar la protesta es que cuando usted iba al colegio tampoco había calefacción en las aulas entonces “no entiende de que se quejan”. Le quiero decir dos cosas con respecto a esto: hace 40 años atrás en casi ningún colegio había estufas. Y a la escuela privada a la que usted iba y de la que hace tanta mención, seguramente las ventanas estaban bien cerradas y el frío no se filtraba por ningún lado.
Además con goteras en los techos, con frecuentes cortes de luz, con bancos rotos, con frío en invierno, con ausencia de material didáctico, aunque no lo crea le juro que así, es imposible estudiar.
No pretendo que esta carta sea leída al aire ni mucho menos, se que eso es absurdo. Simplemente quiero invitarlo que como periodista cumpla con su rol de decir la verdad y no tergiversar la realidad, porque la educación está pasando por un mal momento y no todos los estudiantes somos unos “pendejos maleducados sin límites” sino que algunos tenemos conciencia de lo que está sucediendo y decidimos formar parte de las decisiones que se toman en la sociedad. Si usted mirará con los mismos ojos que veo yo, estoy segura que se retractaría de lo que dijo.
Mi única arma es la palabra y la uso a favor de la sociedad. Espero que usted también haga lo mismo.
Muchas gracias por su tiempo.
Daniela Rodríguez